viernes, 17 de agosto de 2018

LA GUITARRA PLATÓNICA ME ESPERA


  En el año 2000, toqué por primera vez "La guitarra Platónica" para celebrar mi 50 cumpleaños. Invité a un montón de amigos y previamente les di de cenar y abundante bebida. Nada seguro del resultado.
  Pero el formato sobrevivió. A su manera. Llevo 18 años volviendo a él de forma ocasional. Y cada vez se convierte en algo distinto. Primero era una especie de declaración de amor a la música, luego una colección de historias personales, más tarde un canto a la amistad, después una afirmación de mi condición de chico de barrio, luego una reivindicación del rock and roll en tu vida.
  Después de un tiempo de silencio, lo vuelvo a visitar. Y ahora ya es otra cosa. Es una reflexión sobre la adolescencia y el sentido de la vida.
  Estoy impaciente por volverme a encontrar con esa Guitarra Platónica que tantas cosas me ha revelado.
  Será el jueves 30 de agosto. Una fecha fatal para cualquier programador. A las 20'30 en la Sala Delirious de Palma (Carrer de Mateu Enric Lladó, 12).
  ¡Gracias por acogerme, amigos!

AMIGOS





Cuando uno piensa en sus amigos, se imagina a las personas más próximas. Aquellas con las que tienes una mayor identificación. Del trabajo, de la escuela, de la infancia. En general, es gente con la que has compartido momentos importantes de tu vida. Durante años. Y que desde entonces quedan fijados en tu memoria como personas de referencia.
  Pero no siempre es así. A veces, hay amistades que te marcan y no provienen de razones tan evidentes. Son personas con las que has compartido algún momento de tu existencia, pero que después se amplifican en la distancia. Te dejan siempre un deseo de volver a verlas, de hablar con ellas. Porque el espacio común que compartes se enraíza en los estratos más profundos.
  Recuerdo muy a menudo la semana en que estuve ingresado en el antiguo Hospital General. Y compartí habitación con Andreu, un "homo antic" de Llubí. No nos habíamos visto antes ni volveríamos a hacerlo, porque murió poco después. Pero aquella convivencia en la enfermedad, con largas horas de conversación, momentos cómplices, historias contadas en la medianoche, me ha quedado grabada. Siempre he lamentado no haber podido volver a verle. Y cuando pienso en él, no puedo evitar un sentimiento real de amistad. Mezclado con el sabor de aquellas frutas que le traían de su huerto.
  Tampoco olvidaré nunca las noches transcurridas con Rubén, el vigilante del recinto arqueológico de Empúries. Horas y horas hablando en su pequeño cubículo, paseando después de madrugada por las ruinas, bajo la mirada ciega de la estatua de Esculapio. Filosofando, compartiendo los silencios. Como si estuviésemos en otro mundo, muy lejano al cotidiano. No recuerdo una sensación similar. Y aunque ha pasado mucho tiempo sin que le haya vuelto a ver, conservo su amistad como una de las cosas valiosas de la vida.
  Y es que la amistad tiene mucha literatura y mucho mito. Pero al final, probablemente se reduzca a una cosa bien sencilla. Dos pequeños aerolitos, perdidos en la inmensidad del Universo, que por un breve espacio de tiempo comparten la misma órbita. Flotan sobre el Cosmos como si su vida tuviese sentido.
  En eso probablemente consisten los amigos. 

domingo, 10 de junio de 2018

ESTRENAMOS "EL DRAGÓN VERDE"


Hay proyectos que acaricias durante años. Sobre los que dudas, te retiras, te decides. "El Dragón Verde" es uno de ellos. La idea base es presentar un Psicoformato. Una representación divulgativa de algunos de nuestros procesos mentales más profundos. La sombra, la culpa, los sueños, los mitos y arquetipos, la individuación. Explicar en qué consisten. Representarlos a través de una historia concreta. Ayudar a reconocer esos otros personajes que viven en nosotros. Las personalidades múltiples.

  Para ello, partía de la obra de Carl G. Jung, la persona que dio a la Humanidad conceptos tan fundamentales para entenderse a sí misma como "persona", "complejo" o "introvertido/extrovertido". Pero también con un soterrado homenaje a un hombre muy poco conocido: Richard F.C. Hull, que fue traductor de la obra de Jung al inglés. Y que residió muchos años en Mallorca. Concretamente en el Secar de la Real.

  Hull, personaje fascinante, sufrió una grave enfermedad y no podía desplazarse. Para hacerlo inventó un extraño vehículo, una especie de sidecar ambulante, que llamó "El Dragón Verde", con el que llevaba a sus hijos Ruth y Dominic a la escuela. El Dragón Verde es también ese animal oculto en nosotros, protector o destructor. Que aparece cuando no se le espera. Nos llena de fuerza o nos destruye.

  Los problemas mentales no son una excepción. Viven dentro de todos nosotros.

   "El Dragón Verde" cuenta con la presencia protagonista de Xavi Núñez, que encarna al protagonista de esta historia ilustrativa. Y música de Mariona Forteza.

  Se estrena el jueves 14 de junio en la Llibreria Drac Màgic (Jeroni Antich, n. 1).



               Richard Hull a bordo del Dragón Verde, con sus hijos Ruth y Dominic.

viernes, 8 de junio de 2018

DESPEDIDA



 Las despedidas siempre son especiales. Pero hay lugares y momentos en que adquieren una dimensión casi metafísica. Te llegan al fondo del alma. Como si te estuviesen enseñando una lección muy importante de la vida.
  Hace años, se puso de moda largar cintas de papel higiénico cada vez que salía el barco. Era toda una metáfora del cordón umbilical que te une a la tierra. La ruptura lenta, ritual, del lazo antes de emprender el viaje. Una hermosa despedida. Hoy, ya no es posible.
También se despedía la gente en el aeropuerto. Cuando el público subía a una terraza y veia a los pasajeros caminar hasta el avión. Daba tiempo a agitar la mano o el pañuelo. Ver la pequeña silueta embarcándose hacia la travesía.
Las medidas de seguridad y los modernos protocolos hacen más difíciles esas despedidas tan poéticas. Pero todavía se conserva una. La despedida en Cabrera.
Cuando sales de Cabrera, después de recorrer sus parajes. De vivir esa naturaleza intensa, ensimismada y tan llena de imágenes románticas. Cuando te encaminas hacia la civilización habitual, después de vivir por unas horas en una especie de isla fuera del tiempo. Donde todo es diferente. La gente, el sentido del tiempo, la forma de concebir el espacio.
Vas hacia la barca, y algunas personas se acercan al muelle a decirte adiós. Y ese es un verdadero adiós. Una despedida real. Porque se rompen dos mundos. La barca enciende motores, y contemplas por última vez las cuatro casas del puerto, el castillo, la vegetación moteada, las rocas, el azul pastoso del agua. Sientes que dejas algo tuyo allí. Mientras algunos curiosos, algunos amigos, se acercan para darte esa despedida que a cada braza es más definitiva.
Cuando la barca enfila la bocana, ves como se aleja el microcosmos de Cabrera. Y piensas en la gente que pasará la noche allí. Mientras el faro de Ensiola barre la cumbre del Picamosques y resuenan las olas en el exterior. Te sentirás tan lejos de todo eso, que no podrás evitar una profunda nostalgia. Una pena sutil.
En eso consiste una verdadera despedida.

martes, 15 de mayo de 2018

EL FARO DE NOÉ


Algunos días, en el mundo real hace frío. Sopla un viento gélido. Llueve, truena. Entonces, piensas en los refugios. Y ves, allá lejos, la luz tranquila de un faro. Que es como un símbolo de lo estable, lo protegido. Haga la noche que haga, el faro sigue destellando hacia la lejanía. En su torre pintada de blanco. Como la esperanza de la humanidad.
Uno de los grandes errores que cometemos es ignorar la sensibilidad infantil. Hemos creado un concepto de adultez que equivale a conocimiento, sabiduría, destreza y verdad. Como si todo lo anterior no tuviera importancia. Fuera incompleto o defectuoso. ¡Cuánto nos equivocamos! ¡Cuánto saben los niños y los adolescentes! Mucho más que nosotros los adultos.
Noé solo tiene cinco años. Pero hace ya un tiempo que es propietario de un faro. En el faro guarda sus cosas más preciadas, que no tiene problema alguno en dar o prestar. Allí cobija a sus amigos, y a los que necesitan un refugio. Desde allí contempla el mundo. Va y viene de su faro para ir a la escuela, convivir con la familia, aprender. Con toda facilidad. Porque su faro es imaginario.
¿Es imaginario? Cuando Noé te dice muy serio: "Sí, de esto yo también tengo en mi faro" está formulando una verdad. Porque su faro existe. Y no solo para él, sino también para todos los que todavía conservan una chispa de la infancia. De la magia, la imaginación, la ternura, la fantasía. El mundo por el que los no-adultos transitan con facilidad. Viajando a países y regiones vedados para los mayores. Como el faro de Noé.
He conocido a varios niños creativos, imaginativos. De gran vida interior. Y me recuerdan a los de mi infancia. Siempre marginados por los niños matones, los fuertes, los empollones, los mimados. Aquellos que ya eran mini-adultos antes de serlo. Porque jugaban a favor de un sistema retrógrado con la riqueza espiritual.
Los niños fareros son muchas veces incomprendidos. Y muy a menudo sufren por ello. Hasta que encuentran a un amiguito con el que compartir el faro. Entonces por fin dejan de sentirse solos.
Alguien debería decirles que no se preocupen. Que el faro de Noé y de tantos otros niños es intemporal. Que, si él quiere, no desaparecerá nunca. 
Incluso cuando llegue a la adultez y a la vejez. Allá seguirá, con su luz iluminando los nubarrones oscuros.
 Entonces comprenderá que una de las mayores riquezas es tener, toda la vida, un faro como el de Noé.

sábado, 17 de febrero de 2018

GUITARRAS QUE NO COMPRASTE

Cada uno tiene sus querencias. Generalmente, nos gusta atesorar diferentes objetos a los que damos un valor sentimental. Hay quien se decanta por los trenes eléctricos, las maquetas, los muebles antiguos, los sellos, las vitolas, los sombreros, las corbatas... Los más pudientes y los excéntricos incluso coleccionan coches de lujo.

  En mi humilde caso, los objetos preciados son las guitarras. Desde hace muchos años, y pese a mi poca pericia musical, han ocupado una parte importante del imaginario de los deseos. Tal vez porque las ves tan expuestas, tan deseables en algunos escaparates. Con sus colores vivos, sus brillos barnizados, sus resortes metálicos. Como muchos otros objetos, te prometen la felicidad cuando no las posees. Por eso vuelves una y otra vez a contemplarlas. Y al final, las guitarras más importantes de tu vida son las que no llegaste a comprar.

Todavía recuerdo la acústica que me hizo perder el sueño a los 19 años. Colgaba de una tienda bastante modesta, y era una guitarra muy sencilla. Pero en aquel momento inalcanzable para mi bolsillo. Diría que la tengo todavía delante. Era de un rojo "sunburst", con el puente volado. Me imaginaba tocando con ella las pocas canciones de Brassens que entonces conocía. Pasé durante mucho tiempo por delante del comercio para verla. Y creo que nadie la compró, porque allí seguía. Hoy, tantos años después, la tienda ha cerrado. Me pregunto adónde fue a parar mi guitarra añorada.

  Años después, me enamoré de una Ricken "Red devil" igualmente expuesta. Como ya era mayor, pude entrar e incluso probarla. Sin embargo, tampoco tenía dinero para comprarla. Días después, incluso soñé con ella. Sentía su cuerpo de caja y la podía acariciar. Me desperté con una extraña felicidad. Siempre he lamentado su pérdida. Como una promesa desvanecida.

 Útimamente he encontrado otra guitarra deseada. También una Ricken de 12 cuerdas, azul cobalto. Llevo cinco o seis años cortejándola. La he tenido en mis manos. La he mirado y remirado. Quizás, en algún momento pude adquirirla. Pero luego pensé que lo mejor era dejarla en el museo de las guitarras no compradas.

  Porque allí tocará perennemente la música de las ilusiones por cumplir.

viernes, 15 de diciembre de 2017

LA VOZ DE LOS TALAYOTS

A veces, las aventuras más fascinantes son las que tienes más cerca. Siempre me ha asombrado el grado de abandono y desconocimiento que ha padecido durante siglos la cultura talayótica en Mallorca. Sus monumentos majestuosos. Su pálpito entre bárbaro y poético. Ese enigma perdido en el pasado.
  Muchos viajan a la selva maya para contemplar pirámides perdidas en la vegetación. Olvidando esos poblados, torres y edificios cubiertos por acebuches que siguen solitarios. Conjuntos de un gran romanticismo. Que nos hablan de la aventura de descubrir el hombre antiguo que duerme en nosotros.
  La experiencia de "Estrelles i talaiots" se basa en esa evidencia. Evocar el momento preciso en que una cultura milenaria desaparece a manos de otra mucho más moderna y organizada. Una sociedad clánica y localista como la baleárica frente a la organización estatalista y globalizadora de Roma.
  "Estrelles i talaiots" busca sobre todo dar voz a esos monumentos protohistóricos. Volverlos a la vida. Hacerlos hablar. Hemos tenido la oportunidad de representarlo en lugares como las Coves del Drac, el poblado menorquín de Trepucó, Ets Antigors en Ses Salines... Con Rodo Gener, Xavi Núñez y Mariona Forteza.




  Dentro de las actividades de la Diada de Mallorca 2017 se escenifica ahora en Alaró y en Porreres. Y para el año próximo ya están programadas varias funciones en diversos escenarios.
  La voz de los monumentos de piedra vuelve por unos momentos a la vida.

domingo, 24 de septiembre de 2017

EGREGORAS EN CABRERA

 

(Mariona Forteza canta en el comellar de ses Figueres)


Dos pequeños valles convergen en el fondo del puerto de Cabrera. El comellar de sa Font y el comellar de ses Figueres. En este último, los prisioneros franceses instalaron un hospital y algo más arriba un improvisado cementerio. 
Es un valle oculto, cercano al monumento y osario de los prisioneros. Durante la visita de "Cabrera màgica" hicimos un alto para escuchar el silencio de Cabrera.
Se hizo el silencio. Y entonces, del bosquecillo donde se encuentran los restos de tantos prisioneros, sopló un viento lento y susurrante. Un "uhhhhhhh" que se escucha en algunas ocasiones.
Son las egregoras. Los espíritus colectivos.
Es la magia y la intemporalidad de Cabrera.