miércoles, 1 de mayo de 2019

LAS ESTANCIAS DEL SUEÑO

Hoy en día que tanto sabemos, seguimos ignorándolo todo del sueño. En el momento de apagar la luz y cerrar los ojos, somos exactamente iguales al hombre de Altamira o el hondero balear. Tan prisioneros como ellos del mundo de los sueños.
A lo largo de la vida, vamos recorriendo algo así como las estancias del sueño. Tenemos temporadas de sueños opacos, grises, mediocres. Igual que si pasásemos por el país del sueño en vacaciones. Tan vacío y deshabitado como los apartamentos de playa en febrero.
De repente pasa algo y durante unas noches cruzamos por el país de los sueños frondosos. Nuestras noches se llenan de figuras y paisajes. De junglas de recuerdos, imágenes, todas ellas transidas de una trascendencia que se nos escapa.
Luego, una noche, llegamos a la estancia del sueño terrorífico. Que es como "el túnel de la bruja" del país de la noche. Crímenes, monstruos, miedo, situaciones horribles. ¿Qué hemos hecho para merecer ese castigo?
Los sueños llegan, nos atraviesan y se van en medio de la más total de las impunidades. Nadie nos ha enseñado a saber su lenguaje. Ni siquiera nos han acostumbrado a considerarlos algo trascedente. Y así ocurre que esa otra mitad de la vida que pasamos en el sueño la perdemos, atravesando sus estancias ciegamente.
Exiliados en un país del cual jamás sabremos el nombre.
Recorriendo bosques y llanuras que nunca encontraremos en mapa alguno.


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